Color, espacio y forma

Forner, jugador de pintura

Los cauces de la pintura misma han fluctuado durante décadas por la senda dramática de la expresión, entre la exuberancia y la ansiedad, para realizar el retrato profundo del ser, abriéndose paso hacia una subjetividad desenfrenada. Recobrado el equilibrio, nos quedó el legado del color, del espacio y la forma puramente pictórica del que precisamente arranca la investigación de Juan Carlos Forner, que huye de la confrontación sempiterna figuración-abstracción para establecer el debate puramente visual acerca del poder del color.

El color en su formato mancha es el epicentro de su exploración. El color-pigmento y sus cualidades líquidas dirigen la técnica hasta materializarse en el espacio o en el lienzo donde exhibe su identidad bidimensional, lejos de los juegos matéricos y de volúmenes informalistas u objetuales. El color como producto-material condiciona la forma que surge de manera ligeramente espontánea, acercándonos al campo de la referencia tema-significado. Este aspecto aunque decisivo en la recepción de la obra, es un condicionamiento poético que surge de forma natural pues evocan un paisaje-concepto, arquetípico y esencial, que se metamorfosea en las elucubraciones de sus campos cromáticos.

Esa secuencia creativa color-forma-color ha estado desde los inicios en el impulso creativo de Forner, incluso en sus composiciones vinílicas en las que solidifica la naturaleza líquida de los colores puros abriendo un interesante espacio pictórico, muy lejos de los códigos eventuales del pop. Su preocupación era color, era pintura. También ha habido en su indagación momento para la poética gestual y sus derivaciones técnicas encaminadas sobre todo a la extracción de estratos en la superficie pictórica, a partir del grattage  y otras acciones directas sobre las capas uniformes de color.

Ese concepto de pintura expansiva se recupera en sus obras recientes que tienden a la valoración monocrómica y espacialista del lienzo depositando toda la intención técnica en el color-mancha. En el trasfondo de la pintura derramada o en los chorretones de su taller vemos los ecos de maestros como Pierre Soulages, Rothko o Yves Klein pero en un camino tan propio y consecuente que nos remite directamente a su relación íntima y personal con la materia pictórica, inherente a su acción de crear.

 

Alejandro Villar Torres

Crítico de arte